sábado, 19 de enero de 2019

Capítulo 6 Una larga noche

Una larga noche



El atardecer. Ese precioso momento en el que el Sol y la Luna se encuentran en el cielo. Ese momento en el que decenas de colores se funden, todos en perfecta armonía. El atardecer, ese momento que nos enseña que toda la luz en algún momento tiene que acabarse, tiene que esconderse para dar lugar a una oscuridad matizada por la luna. En este momento, mi vida, se sentía como en un atardecer.

Llevaba más de tres horas sentada en ese sofá, asimilando todo e intentando dar un sentido, aunque fuera un poco lógico, a todo esto. No me moví del sofá en todo ese tiempo. Estaba en shock, y lo sigo estando.

Salgo de mi mar de pensamientos con teorías infundadas al escuchar tres leves toquecitos en la puerta, seguidamente se oye al otro lado la voz de Mer:

—Kath, llevas ahí metida mucho tiempo,—dice intentando camuflar su preocupación, al ver que no recibe una respuesta continúa— ¿puedo pasar y hablamos un rato?
Me lo pienso unos segundos. Seguramente si la dejo entrar rompería a llorar o incluso diría cosas de las que luego me arrepentiría. Dispuesta a decirle que no, abro la boca, pero un recuerdo pasa por mi mente. El día en el que murió mi abuela Sunshine. Era una mujer humilde y bondadosa. De ella aprendí demasiadas cosas, pero no fue sino segundos antes de su muerte cuando me daría la mayor lección de mi vida.

—Hija,—empezó agonizando mi pobre abuela— quiero que recuerdes esto siempre.—asentí, dando a entender que le estaba prestando atención— Nunca rechaces a la gente que te quiera prestar su ayuda en momentos críticos. No le des la espalda a gente que te está dando la mano con la mejor intención. No permitas que tu orgullo te domine y que te encierre en ti misma. Eso solo hará que en tu corazón solo habite el odio y rencor. Tienes que llevar la humildad como bandera, ser ejemplo de ella. Porque la humildad no es ser pobre, la humildad no te la da el sitio del que vienes. La humildad es saber que todos tenemos los mismos derechos y que todos tenemos dignidad. La humildad es no hacer distinciones ni clasificar a las personas por su raza, sexo, lugar del que provienen, religión o creencia. La humildad es saber que tú eres igual al panadero, o que el panadero es igual a ti. La única diferencia es que tu deber es hacer que prime esa humildad. Y recuerda, no dejes que nada te envenene, tú vales más que eso.
— Y con esto expiró.

Me sequé una pequeña lágrima traicionera, respire hondo y le dije a mi hermana que pasase. Ella entra sorprendida por mi respuesta y se sienta al lado mío con las piernas cruzadas.

—Pensaba que no me ibas a dejar entrar—dice para empezar a entablar conversación— no tienes que preocuparte. Todo va a estar bien.

—No me preocupa si vaya a estar bien o no, —mentí, la verdad es que me aterraba que Ash fuese a ese sitio, pero no iba a admitirlo en voz alta, no ahora que estaba enfadada con él— estoy dolida porque me han mentido, nos han mentido,— rectifico después de un segundo— todo este tiempo sabían que el libro existía, sabían que la magia existía, y no nos han dicho nada. ¿No se supone que voy a ser la futura reina? ¿No se supone que debo conocer todos los peligros que puedan amenazar la paz en Cumbia? Y no solo eso,— digo dispuesta a admitir lo que más me duele en voz alta— Ash, nuestro hermano, mi hermano mellizo, nos ha ocultado todo este tiempo que quería estudiar magia, que su sueño es irse a la mejor academia de alquimia del mundo y convertirse en mago. Eso es lo que más me duele, que mi hermano me haya ocultado todo esto. Pensaba que éramos uno. —finalizo secándome otra lágrima traicionera.
Mi hermana al verme tan deshecha no lo duda ni un segundo y me abraza. Puede sonar idiota pero ese abrazo es lo único que había necesitado todas estas horas. Tras unos segundos se despega de mi pero no del todo, me mira pensando cuidadosamente qué decir pues sabe perfectamente que soy un poco irascible.

—Hermana, sabes que papá y mamá nos lo ocultaron para protegernos. La magia negra parece muy oscura. Ellos quieren lo mejor para ti. Lo sabes de sobra.

—Lo sé Meredith, pero creo que prefiero la verdad a estar expuesta al peligro de la hechicería. A parte, el intento de protegernos no ha servido de mucho, Ash está a punto de meterse de lleno en este mundo y aunque desconocemos todavía muchas cosas sabemos de sobra lo peligroso que es.

—Todos sabemos el peligro que corre Ashton. Él más que nadie. Pero está completamente convencido de que ha encontrado su lugar en la tierra en esa academia. Y no podemos hacer nada para que cambie de opinión.— me dijo mi hermana en tono neutro, parecía despreocupada pero sabía de sobra que solo estaba intentando controlarse para que yo no me pusiera más nerviosa.— Tenemos que aceptarlo, y ya está. Además, no sabemos si le han aceptado o no. Mamá me ha dicho antes que las posibilidades de entrar son mínimas. Es una de las academias de magia más exigentes. Es la mejor de todas, aunque, sabiendo que solo hay cuatro, tampoco es tan difícil.— dice con picardía. No nos queda otra. Yo me limito a reír. Después de unos segundos en silencio decido hablar.

—Gracias Mer, tienes razón. No nos queda otra que esperar los resultados y apoyar a Ash.

—Deberías irte a dormir. Mañana será un día largo y las reinas siempre tienen que estar a tope.— me dice levantándose y tendiéndome la mano para que me levante. Yo la acepto, me levanto y caminamos juntas en silencio hasta mi cuarto. Nos despedimos casi en un susurro y entró en mi habitación.
Me pongo el pijama, me lavo los dientes y me meto en la cama. Vuelvo a pensar en todo lo sucedido, me levanto, voy al baño, doy vueltas, me tapo con la colcha, me destapo… Pienso y pienso sin ningún resultado. Hasta que decido cerrar los ojos. No sé cuánto tiempo pasa, tampoco si he dormido mucho, pero me despierto por un fuerte golpe en mi puerta. Estoy confusa, miro el reloj y… ¿De verdad son las tres de la tarde?

viernes, 11 de enero de 2019

Concurso de microrrelatos

Desde el Maker de Creatividad Literaria, vamos a participar en este concurso. Está dirigido a alumnos de 4º de ESO y Bachillerato, así que a partir de febrero iremos viendo las claves para realizar un microrrelato exitosamente.

Bases del concurso1. Podrán concurrir a este certamen los estudiantes de 4º de ESO y de 1º y 2º de Bachillerato que estén matriculados en un centro de la Comunidad Autónoma de Madrid.
2. Solo se podrá presentar un texto por participante. El microrrelato ha de estar escrito en castellano y ser original (no premiado y no publicado con anterioridad en ningún otro medio).
3. El microrrelato debe girar en torno al uso creativo de los signos ortográficos. Imagina y cuenta las historias que suceden en el planeta de los signos: las aventuras de esos tres amigos inseparables, los puntos suspensivos; la tormenta de tildes; el amor entre el punto y la coma; la fiesta de las comillas... Hay miles de relatos posibles o imposibles. ¡Estamos deseando leerlos!
4. Los microrrelatos no podrán exceder las 20 líneas mecanografiadas a doble espacio en Times New Roman 12.


LINK A LA PÁGINA DE LOS ORGANIZADORES DEL CONCURSO 

viernes, 4 de enero de 2019

Desbloquear la escritura

Ejercicio de desbloqueo

Se trata de escribir cosas que no me gustan y cosas que sí me gustan. Podemos hacerlo desde un punto de vista de primera persona o no y esto servirá para creación de personajes.

A modo de ejemplo he escrito en primera persona, pensando en un personaje hipotético, lo siguiente:


Quince (o más) cosas que no me gustan:
No me gustan las patatas fritas congeladas, los bares con olor a lejía, no me gusta correr por la calle, detesto los apretones de manos blandengues, oír el fútbol en la radio los domingos por la tarde, me molesta ver un piercing en la nariz, no soporto el tratamiento de señor más el nombre ni que los que se supone que tienen que hablar correctamente no lo hagan, locutores o profesores, por ejemplo. Me horrorizan las faltas de ortografía en los carteles que se pueden ver por la calle y aún más en los periódicos y revistas, me asquean los programas de televisión con personas soeces increpándose, me parecen deleznables ciertos juegos violentos de las consolas, como la Play Stations. Me avergüenzan las corridas de toros, no soporto a los borrachos ni a los ligones de discoteca o playa, aborrezco a los violentos y a los abusones. Denigro a los listos que se van colando en los atascos.

Más de quince cosas que me gustan:

Me gusta la  buena música, clásica o moderna, ópera o jazz. Me encantan los macarrones con tomate al horno, todos los quesos, el zumo de pomelo Granini, la filosofía y la buena literatura. Adoro a la gente que piensa filosóficamente y a la gente sencilla y alegre. Quiero a los niños que sonríen, a los tímidos y a los extrovertidos, a los traviesos y a los tranquilos. Estimo a los que aman a los animales (pero no que les den de comer en la mesa con cucharita, ¡a esos no!) Amo el cine, sobre todo el de Ciencia Ficción, el romántico, la comedia, el francés y el español, el de pensar y el de entretenimiento. Tocar la guitarra, la fotografía y el  arte, el ajedrez, escribir relatos, la poesía… todo esto me gusta. Y qué decir de las conversaciones interesantes, bromear con los amigos y amigas, y abrazarlos y abrazarlas (aunque esto no lo hago mucho, creo que es algo muy gratificante). En política me gustó conocer al tribuno de la plebe, los reyes que se preocupaban por su pueblo, los partisanos franceses, en fin, las buenas personas. En religión también me gustaron las buenas personas, Jesús y Buda, Lao Tsé y Confucio.
Esto puede ser suficiente para definir mi personaje, visto en primera persona, habría que añadir otras visiones, que podrían venir de otros personajes, si quisiera hacer una biografía. Pero puede valer por ahora como carta de presentación. Podríamos decir: «a Lucía no le gustaba la música. Ni siquiera la de OT, que oían todas sus amigas. Tampoco podía soportar las naranjas. ¿no os parece rara?».

Llevo unas 422 palabras y poca acción hay en este relato. Lo que podemos ver es lo que cuenta el narrador (yo que estoy escribiendo). Claro, el que lo lea puede sentirse ya un poco aburrido. Puede estar pensando, «cállate pesado y déjame ver a esa persona de la que estás hablando». Esta es la diferencia entre ver y mostrar. Lo ideal es que veáis al personaje no que os lo cuente el narrador. Pero eso quedará para otro día. Ahora voy a ver si pongo a cocer unas alcachofas.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Capítulo 5 de Sorgin



 Capítulo 5

La verdad

Había estado en ese salón miles de veces. Es un salón grande pero no tanto como mi habitación, tiene tres estanterías llenas de libros, una para mis libros preferidos, otra para los de Ash y otra para los de Meredith, Nate odia leer. En el centro hay un sillón  de color índigo. Ese sillón donde me he sentado tantas veces…  Una alfombra de diferentes tonalidades naranjas ocupa gran parte del suelo. La recorro con la mirada y veo una pequeña mancha color negro, entonces recuerdo cuando a Nate se le cayó la pintura al pintar su primer cuadro, al que él mismo llamó La oscuridad. También recuerdo la bronca que le cayó después de ese percance. La habitación tiene únicamente dos ventanas por las que durante ocho horas al día entra una perfecta luz natural, es por eso que mis padres eligieron este como salón familiar y no otro de los muchos que hay por el castillo.

A pesar de haber estado en esta sala miles de veces, esta vez sé que es diferente. Me siento diferente.

—Primero de todo quiero aclararos que si os hemos ocultado todo esto fue por la seguridad de vuestro hermano mayor —empieza la conversación en tono neutro mi padre.

—La historia que os vamos a contar se remonta al principio de la humanidad, —continúa mi madre— Hace dos siglos y medio, una señora que vivía en una pequeña aldea de Cumbia empezó a experimentar y estudiar con pequeñas rocas. Las hacía levitar, creaba pequeñas explosiones e incluso transmutó algunas de ellas.

—Todos aquellos conocimientos quedaron plasmados en un libro—continúa mi padre, pero inmediatamente caigo en la cuenta de a qué se refiere y termino la oración por él.
—¡El Libro de Alquimia primitivo! —termino yo con un tono entre incredulidad y fascinación.

El libro de Alquimia primitivo es una leyenda que ha pasado de generación en generación por las familias de Cumbia. Esta afirma que el primer libro de magia fue escrito por una humilde pueblerina de un pequeño poblado al norte de Cumbia. La leyenda dice que este libro posee hechizos místicos que podrían modificar cursos naturales, el espacio-tiempo o incluso cambiar el pasado o avanzar al futuro. Pero la realidad es que nadie ha visto este libro hace más de dos siglos y se desconoce la identidad de la autora, el año o cualquier dato que pudiese servir de ayuda para localizarlo.

—Pero eso es solo una leyenda que nos contaba la abuela —afirma mi hermana pequeña, con la intención de que le digan lo contrario.

—Las leyendas también pueden ser ciertas —le responde mi madre.— Este es el mayor secreto de nuestro reino, el libro de Alquimia primitivo existe, y la magia también. Hasta hace cincuenta años había magos reales que ayudaban a los monarcas en la mayoría de tareas reales y toma de decisiones.

—¿Por qué si son reales nunca hemos oído hablar de ellos o los hemos visto?—pregunta ahora Nate en tono acusatorio.

—Debéis saber que la alquimia tiene dos caras, y que, al igual que la magia, existe. La brujería o magia negra también y es muy peligrosa. Por esto no os contamos nada.

—¿Y el libro está aquí?—inquiere Meredith expectante.

—No, —responde rápido mi padre— el libro se halla en paradero desconocido, pero algunas páginas son conservadas en nuestro Tesoro real.
En ese momento caigo en la cuenta de que las misteriosas vitrinas negras no están puestas en el medio al azar ni tampoco son simples mesas donde apoyar los montones de libros.

—Gracias por contarnos la verdad ahora —declaro con tono de reproche— pero, ¿qué tiene todo esto que ver con Ash?

—Yo descubrí esto hace mucho tiempo, —decide tomar él mismo las riendas de la conversación— desde un primer momento me fascinó. Les conté mi descubrimiento a nuestros padres y ellos me pidieron que guardase el secreto por un tiempo. Decidí investigar y encontré en el Archivo Real el registro de decenas de escuelas de magia y alquimia por todo el mundo. En ese entonces papá me estaba presionando para que eligiese algo que estudiar y se me encendió la bombilla. Y tras muchas horas de reflexión y realización de análisis sobre mis posibilidades, sueños y metas, decidí que quiero estudiar magia —declara con un tono de completa convicción. Empecé entonces a buscar cuál era la mejor academia y encontré Thieferdick la escuela de magia más prestigiosa de todo el mundo.

—Hemos ido a Luboa no por un viaje de negocios, —decide continuar mi padre— sino para que vuestro hermano Ahs hiciese las pruebas de acceso para esta academia.
Es en ese pequeño instante de silencio, cuando puedo asimilar todo lo que me acaban de contar. Mi hermano mellizo, la persona que más quiero en este mundo y por la única por la que daría mi vida, me ha mentido, y durante muchos meses. Mis padres nunca nos han mencionado nada acerca de este tema salvo la leyenda que contaba mi abuela Sunshine. Por último mi hermano puede que se vaya a estudiar al extranjero en un lugar, por lo que presumo, sin señal ni ningún tipo de comunicación. Tengo miedo, estoy triste, tengo millones de preguntas, me siento traicionada y sobre todo dolida. Cuando me quiero dar cuenta mis ojos ya están cristalizados y una lágrima amenaza con salirse de ellos si no logro canalizar el torbellino de emociones que ni yo misma comprendo. Ashton al verme hace un ademán de abrazarme, pero me retiro dejando sus brazos caer.

—Los resultados de la prueba de admisión llegan mañana —me dice con cara de cachorrito abandonado.
Yo decido quedarme callada y dejar que mi silencio hable por sí solo. Es entonces cuando puedo respirar con regularidad y ordenar todas mis ideas.

—Hija, —me dice mi madre— si no te lo contamos antes fue por tu seguridad, teníamos miedo.
Vuelve a reinar el silencio. Tras unos segundos decido romperlo.

—Dejadme sola, —ordeno finalmente— necesito estar sola. Idos —declaro firmemente. —Todos —digo mirando a mi hermano mellizo, el cual no tiene ni la más mínima intención de marcharse.

Al ver la dureza en mi rostro inmediatamente todos se levantan y se marchan, dejándome sola en esta sala que conozco tan bien, en la que he estado tantas veces. Pero definitivamente, esta vez ha sido distinta, ha sido diferente y, no sé por qué, pero tengo el presentimiento de que va marcar mi vida para siempre.


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martes, 18 de diciembre de 2018

Capítulo 4




Capítulo 4



La vuelta de Luboa


Nunca me había parado a pensar en qué es querer a alguien. Muchas personas piensan que quieren a alguien cuando les gusta estar con esa persona, o cuando sabe todos tus secretos. Pero sinceramente yo creo que querer a alguien es preocuparte por él, ansiar su felicidad tanto o incluso más que la tuya.

Esto es lo que me pasa con Ash, mi querido, no tanto en este momento, hermano mellizo. Estoy preocupada, angustiada diría yo, hace dos días que no hablamos. Después de ayudar a Meredith con su trabajo de geografía y quitarle el collar con la copia de la llave del Tesoro Real que se había encontrado misteriosamente esa mañana debajo de su almohada, decidí darme un baño e  irme a dormir. Al día siguiente no recibí ninguna llamada de nadie, ni un sólo mensaje. Pensé que se le habría olvidado, así que no le dí importancia. La preocupación real llegó al día siguiente cuando no me llamó, ni siquiera contestó a ninguna de mis llamadas. De verdad que tengo miedo. Nunca había estado tanto tiempo sin hablar con mi hermano y sinceramente lo echo de menos.

Al ver que Ash no respondía llamé a papá. Él también estaba sin cobertura o tenía apagado el móvil. Esto no sé si me tranquiliza o me angustia más.

Supuestamente hoy llegaban de Luboa, por lo que entendí el día que se fueron. Mi plan era darles una gran bienvenida, pero ahora es lo que menos me apetece. Estoy enfadada preocupada, angustiada, agobiada y profundamente confundida. No entiendo nada, no entiendo por qué me han ocultado el motivo de este viaje, por qué no me han contestado y sobretodo no entiendo que he hecho para que mi hermano no confíe en mí lo suficiente para contarme todo desde un principio.

Con todo esto pasando por mi cabeza a velocidad incalculable, decido bajar al salón para despejarme y pasar tiempo con mi madre y mis hermanos pequeños. Al llegar me doy cuenta de que mi hermano Nate está leyendo un cuento al revés. Me tomo un segundo para pensar en si decirle o no, finalmente me decanto por la segunda opción y decido entablar conversación con mi madre.

—Hola mamá, —saludo— Ash y papá no me contestan a las llamadas.

—Hoy vuelven hija, no te preocupes.

Definitivamente esto es más extraño de lo que creía. Conozco a mi madre, debería de estar llamando a mi padre desesperada. Debería estar preocupada, enojada, llorando, echando fuego por la boca... Habría incluso enviado a alguien a Luboa para cerciorarse de que están bien. Esto es definitivamente más extraño de lo que creía.

—Mamá, ¿te encuentras bien? —tardo un segundo en darme cuenta de lo que acabo de decir.
En ese momento todas las miradas de la sala se posan en mí, mi hermana Mer me mira como si hubiese cometido un delito y estuviera a punto de ir la cárcel. Por el contrario el rostro de mi hermano refleja expectación y un destello de diversión se posa en su mirada.
—Claro que sí hija, ¿por qué lo preguntas?

Todos nos quedamos ojipláticos.

—Vale, esto si que es extraño. —mi madre me mira con confusión. —¿No vas a darme ningún sermón sobre modales? —niega con la cabeza. —¿Ni siquiera me vas a recriminar por el tono que he utilizado al preguntarte? —niega de nuevo, esta vez sin tanta efusividad.

—Vaya, si que debe de ser gordo el cargo de conciencia por no contarte el secreto. —interviene mi hermana, pero inmediatamente se calla al notar la mirada penetrante de mi madre.
Abro la boca para contestar, pero en ese momento me veo interrumpida por el sonido de la puerta principal.

—¡Hola familia, ya hemos vuelto! —grita mi padre desde la puerta.
A pesar de que me muero por ver a mi hermano mellizo, me contengo. Estoy enfada, me lo recuerdo mentalmente en el intento de frenar mis ganas de salir corriendo. Lo consigo.

—Salvada por la puerta. —dice Nate en un susurro casi inaudible con su mirada puesta en mamá.

—Bueno, ese cargo de conciencia está a punto de soltarse. —dice Lara, mi madre, en un tono misterioso.
En ese momento entran en el salón los recién llegados. Me dispongo a hablar pero de nuevo soy interrumpida, esta vez por la voz de Ash.

—Antes de que me grites, —dice anticipándose a mis acciones— por favor escucha lo que tengo que decirte.

—Hija, —habla mi padre ahora— hay una explicación razonable para todo esto, no te precipites.

—Esto es cosa de toda la familia Joel, —le inquiere mi madre— ya hemos guardado este secreto por mucho tiempo.
Mi padre asiente con complicidad, en ese momento se crea un silencio incómodo que dura apenas unos segundos.

—Pero primero, vamos a sentarnos, —sugiere mi madre— que esto es denso.

—¿Estás listo hijo? —le pregunta mi padre a Ash.
Conozco perfectamente a mi hermano, su rostro refleja seguridad, pero tiene la mirada perdida, está intentando no mirarnos directamente. Tiene miedo, pero no sé de qué.

—Sí, tienen que saberlo. —responde finalmente.
Aún no ha empezado, pero siento que estos próximos cinco minutos van a cambiar el resto de mi vida.


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viernes, 14 de diciembre de 2018

SORGIN. Capítulo 3 No fue para tanto


Capítulo 3

No fue para tanto


Llevo toda la tarde leyendo y aprobando documentos del reino. Desde que cumplí diecisiete, mis padres me dan parte del trabajo de la corona ya que así lo dictan los deberes reales: «Un príncipe debe adquirir ciertas responsabilidades reales a la edad de diecisiete años para que su transición a adulta no sea tan drástica». Es bastante aburrido pero es mi deber.

Papá y Ash se fueron hace ya un rato, pero la verdad es que ya los echo de menos. Me prometieron que me llamarían al llegar a Luboa.

Harta de este aburrido trabajo, decido tomarme un descanso e ir a ver a mis hermanos.
Al bajar la larga escalera, me percato de que ya no hay ninguna llave colgando de ninguna puerta, al principio me extraña, pero entonces caigo en la cuenta de que llevo cuatro horas metida en el despacho revisando documentos. Prosigo sin mirar atrás y en la recta final del pasillo noto como mi teléfono vibra en mi bolsillo, lo saco y contesto sin mirar de quién se trata, pues lo sé perfectamente.

—Hola, ¿qué tal llegasteis?

—Hola hermanita, estamos bien, ya en palacio…

—Ahhh, que bien. —Incluso yo me sorprendo con ese tono tan frío de reproche y desconfianza.

—Kath, ¿estás enfadada?

—No Ash, solo me siento dolida porque no me lo hayas dicho, siempre nos lo contamos todo, ¿por qué empezar a ocultarnos cosas ahora?

—Perdóname de verdad, te lo quería contar pero… Es que es complicado.

—¡¿COMPLICADO?! ¿En serio hermano, de verdad me estás diciendo eso…? Pensaba que confiábamos el uno en el otro…

—¡Claro que confío en ti! Solo confía tú en mí, en cuanto llegue te lo contaré.—me promete en tono de disculpa.
Dispuesta a seguir gritando a mi hermano por el teléfono replico, pero me doy cuenta de que mirando por la última puerta se halla mi hermana Meredith con rostro de preocupación y desasosiego por lo que está ocurriendo. Inmediatamente cambio el tono.

—Está bien, en cuanto llegues me lo dices.
Se oye un suspiro de alivio al otro lado de la línea. —Gracias hermana, te lo prometo.
Con eso me despido y le digo que me llame mañana, seguro que para entonces ya estoy más tranquila.  

Guardo mi teléfono en mi bolsillo y me giro en dirección a mi destino principal. —Mer, sé que estás ahí.
Se despega momentáneamente del  marco de la puerta y me dedica una falsa media sonrisa.

—¿Está todo bien Kath?

—Sí, nada de lo que debas preocuparte. —añado intentando parecer segura, creo que lo logro.

—Claro que me preocupo. —dice en tono obvio. —¿Acaso no recuerdas lo que pasó la última vez que te peleaste con Ash?
Los recuerdos pasan por mi mente, primero gritos, les siguen libros volando, después más gritos, personas corriendo con expresión desconcertada por todo el palacio y por último una ventana rota por el impacto de un libro tirado por mí.

—No fue para tanto...—digo casi en un susurro. Pero Meredith parece escucharlo ya que su expresión se torna incrédula.

—¿En serio? Estuvisteis cuatro días sin hablaros y Nate y yo tuvimos que hacer de mensajeros por todo el castillo con vuestras cartas de odio. Y eso por no hablar del destrozo que causaste.

—No lo causé solo yo. —digo indignada.

—Como sea... —termina con sabiduría mi hermana, a sabiendas del rumbo que tomaba la conversación.

—Por favor, me puedes ayudar con el trabajo de geografía, es que no entiendo nada del nuevo tema y a ti se te da genial, por favor.

—Esta bi... —No soy capaz de terminar la palabra al darme cuenta del colgante que mi hermana carga sobre su cuello. —Mer, ¿de dónde has sacado esa llave?




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